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Fail en el catamarán: embarrancados frente a Sao Luis

Hay varios barcos que unen Alcántara con Sao Luis de Maranhao, una travesía que dura poco más de una hora. A la ida tuvimos un poco de oleaje, no mucho pero lo suficiente para marear a parte del pasaje. A la vuelta lucía un sol espléndido y el mar estaba como un plato. Todo presagiaba un tranquilo paseo en catamarán de vuelta a Sao Luis, pero no fue así…

Nuestros planes de ver Sao Luis por la tarde se truncaron cuando, estando ya a pocos minutos del embarcadero, el catamarán embarrancó en un banco de arena. Las mareas en esta costa son muy pronunciadas, y de hecho, los horarios de los barcos dependen del flujo de las aguas. Difícil comprender como a un piloto que hace ese trayecto todos los días le pueda pasar eso, pero como pude comprobar después, la arena corre a mucha velocidad por el fondo.

Al principio los dos o tres marineros del barco se esforzaron en salir de allí a golpe de motor, pero muy pronto los dos cascos del catamarán se asentaron en la arena. Unos cuantos intentamos echar una mano empujando desde la arena, en un esfuerzo del todo inútil. Comprobar el cosquilleo de los chorros de arena corriendo bajo los pies daba una idea de cómo los bancos se formaban y se movían a gran velocidad.

alcantara brasil catamaran fail

Segundo fail: no había nadie en el puerto para sacarnos de allí. Al cabo de un buen rato nos sobrevoló un helicóptero de la policía, con un agente colgando de un lado fusil en ristre. Muy en plan “he visto pelis de Vietnam” o quizás un rollo “estoy aquí chuleando por si sois narcos tan imbéciles como para embarrancar aquí”. Pero nos tuvimos que quedar allí hasta que el agua bajo más. Un marinero fue a pie, con el agua hasta la cintura, para ver qué trayecto era más seguro, y se trajo de vuelta una barca diminuta en la que las chicas pudieran ir más cómodas…

Tercer fail: el gordito de la caja técnica. Si el piloto estaba empanado y el poli era un lumbreras, a bordo había un tipo bajito y gordito que los superaba a los dos. Un pasajero que llevaba una de esas cajas de herramientas enormes y metálicas, de las que salen en los tebeos de Pepe Gotera y Otilio. Cuando llegó de vuelta la barca tras sacar a la mayoría de las chicas, me pidió que le ayudara a meter la caja a bordo. Pesaba un quintal, en serio, pero pudimos con ella. A la barca subieron algunas chicas, dos tipos, el gordito y yo. El hombre no dejaba de moverse, y a la barca entraba agua por su lado. Cuando ví que el chaval que tiraba de la barca no podía con ella, le di un toque cómplice al gordo y bajé al agua ayudar a tirar. Bueno, pues el tipo que era el que más pesaba, con su “caixa técnica” de tonelaje extra, ni se inmutó. Siguió bamboleándose imprudentemente buscando la mejor postura para aposentar su enorme culo…

Creo que tiré más con la indignación que con los músculos, pero evidentemente al llegar a la playa allí se quedo el gordito con su caja. Creo que el piloto le ayudó a llevarla hasta la calle.

Cuarto fail en cadena: empapado de cintura para abajo, con arena hasta el lugar más recóndito bajo mis bermudas, cogimos un taxi hasta el hotel. Estaba ya anocheciendo, y al llegar a la Pousada Portas da Amazonia, no había luz, ni agua caliente. Nos tocó ducharnos usando la luz de la pantalla del MacBook, hábilmente reflejada en un espejo. Muy romántico, de no ser que para más pena estábamos en la única ducha que yo he usado cuya agua tenía un tufillo así como de huevos pasados… Menuda tarde 🙁

Situación en el mapa

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