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30. ago, 2009

Vocabulario maorí y tatuajes…

cronicas viajeras moorea montanya

Algunas palabras en Reo Mao Hi, la lengua de los habitantes de las islas:

  • Hola: Iaora na
  • Hasta luego: nana (me encanta…)
  • Mujer: Vahine (sonoramente gráfico, valga la contradicción)
  • Hombre: Tane
  • Bueno: Maitai
  • Muy bueno: Maitai Roa
  • Gracias: Mauruuru
  • Sí: E
  • No: Aita (a los vascos les resultará curioso)
  • No problem: Aita e pe’a pe’a
  • Poder mágico: Mana (acentúa la última y tenemos una casualidad)
  • Tautaje: tatau
  • Hay una expresión local “fiu”, que la guía traduce como la sensación de estar harto, o de no sentirse con ánimo para trabajar, “a frequent feeling in the islands, caused by the heat and a natural nonchalance”

Estando en las islas del tatuaje, donde vemos ejemplos muy bonitos constantemente, siento la tentación de hacerme uno. Algo que alguna vez había ya considerado en Madrid. No es lo mismo, creo, tatuarse en Fuencarral que en la polinesia, si se tiene la oportunidad. Las condiciones higiénicas están fuera de duda aquí, pero hubo varios factores que me cohibieron (la cura posterior estando de viaje, no poder disfrutar de las playas después).

El primero, y más evidente es encontrar el motivo, el dibujo. Pensaba en algo relacionado con la suerte que nos había llevado a hacer un viaje así. Leí en una de las revistas de los aviones que nos llevaban a las islas que había dos hermanos que hacen tatuajes recuperando motivos y símbolos tradicionales y como se hacían antes: el tatuado explicaba quién era y qué había vivido hasta entonces y el tatuador se inspiraba en su relato. El tatuado no veía el dibujo en su piel hasta que el trabajo estaba terminado. Una opción valiente, sí, pero que seguramente hubiera acabado con un @, un “http://” o un “www” en mi brazo :-)

(la foto es de National Geographic)

Y unas últimas foto de Moorea: hay una montaña en Moorea que, dicen, se asemeja al rostro de una joven mahorí de larga cabellera mirando hacia el cielo…

cronicas viajeras montanya cabellera

La verdad es que todas las montañas de la isla, restos de antiguos volcanes, tienen su encanto

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30. ago, 2009

Nadando con las pastinacas de Moorea

cronicas viajeras motu moorea 2

Tras ver en acción las mandíbulas de los tiburones puntas negras, Bruno puso rumbo a un segundo “feeding spot” con un fondo de arena blanca sobre el que las aguas toman un tono turquesa paradisíaco, esta vez a una profundidad de poco más de un metro. En pocos segundos aparecen siguiendo la estela del bote una docena de pastinacas (Sting Ray). La mayor puede que llegará al metro de diámetro.

cronicas viajeras moorea pastinaca

Antes de bajar al agua, instrucciones de seguridad: podemos tocar las rayas (vamos a llamarles así, pero no las confundamos con las manta raya, que ya me hubiera gustado poder ver a estos grandes animales), pero el contacto ha de ser siempre en su parte superior, nunca por debajo (por que ahí está la boca del bicho) ni agarrando la cola (donde tienen un aguijón que podría darnos un buen susto).

cronicas viajeras pastinaca moorea

Las rayas se muestran confiadas, curiosas, y se dejan hacer. Su tanto es suave, como de goma, siendo más rugosa la piel cercana a los bordes de sus alas. A Patricia le pareció que era como tocar setas shitake recién sacadas del frasco de conserva.

Nos quedamos un buen rato jugando con las rayas. Bruno me pasó un trozo de pescado y, manteniéndolo en el puño, las pastinacas te siguen. Se te suben casi, alguna hasta te daba empujoncitos. El olor a comida…

Las pastinacas no tienen dientes, pero si una gran capacidad de succión, que les permite por ejemplo comer moluscos. Las había visto en una memorable inmersión nocturna en La Restinga (Hierro, Islas Canarias) pero no llegué a poder tocarlas allí.

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Tras el baño con las rayas, nos llevan a un “motu“, un pequeño islote, donde pasamos el resto de la tarde. Se nos sirve una humilde pero más que suficiente barbacoa en una playa poco profunda, donde también aparecen pastinacas.

A ojo desnudo, entre las rocas de coral dispersas en la playa, peces de las mismas familias descritas en la playa del hotel que te hacen sentir como en una pecera tropical.

cronicas viajeras motu moorea

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En el viaje de vuelta, el barco avanza con viento en contra, lo que provoca que nos mojemos bastante. Al principio es divertido, pero luego echamos mano de las toallas. Cuando llegamos al hotel, tenemos tiempo de tomar una ducha antes de que nos recojan para ir al aeropuerto. El ratito de espera nos da para enviar postales (claro que sí, en los tiempos del sms y del e-mail, recibir postales con sello hace ilusión).

Enseguida llegamos a Papeete, y antes de acostarnos pronto (nos recogían a las 3:30 de la madrugada: conducía una chica brasileña que se mosqueó considerablemente por el retraso de otros turistas, y nos llevó finalmente dejándolos a ellos en tierra), volvemos a cenar en el japonés del hotel, donde el maestro del teppanyaki nos hace pasar un buen y muy nutritivo rato…

Poco después, pondríamos rumbo a Nueva Zelanda para continuar con nuestra Vuelta al Mundo

12. jul, 2009

Bajando al agua con los tiburones en Moorea

cronicas viajeras moorea tiburon 4

La última excursión en Moorea fue realmente espectacular. No sólo por los paisajes y la oportunidad de estar todo el día disfrutando del mar, sino por la cercana visión de las rayas y los tiburones

Nos recogen en nuestro hotal para llevarnos en furgoneta a uno de los embarcaderos de la Bahía Cook, donde embarcamos en el barco de excursiones de Hiro, que viene a ser un cruce entre un catamarán sin vela y las golondrinas del puerto de Barcelona.

Pese a que su nombre es japonés, Hiro parece un francés de ojos claros con sentido del humor británico y la soltura hablando en público y mezclando idiomas propia de quien lleva repitiendo las mismas gracias mucho tiempo. Consigue, eso sí, despertar algunas risas, yo me lo pasé bien. Me recordó mucho al actor Stephen Fry.

Hiro nos enseña algunas palabras en la lengua de Tahití. Por ejemplo, “Ia Ora” viene a ser “Buenos días”, “Ia Ora Na” podría entenderse como Bienvenidos, aunque el sentido literal se asemeja más a “entra en mi casa” (qué mejor expresión de bienvenida, ¿no?). Nos explica también que antes de la llegada de los europeos, los isleños solían alimentar a peces todos los días en el mismo sitio, de manera que pescarlos luego se convertía en algo fácil. Así pues, la primera parada sel barco al salir de la Bahía Cook se nos vende como el “feeding spot” de la familia de Bruno, el orondo patrón. Digo “se nos vende” porque una empresa competidora hace exactamente el mismo recorrido. Quién sabe, quizás el otro patrón es familiar de Bruno…

Rumbo a la primera parada, un velero anclado en la Bahía…

cronicas viajeras moorea velero

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Llegados al “feeding point”, en la laguna de coral y con una profundidad de apenas un par de metros, Bruno da instrucciones claras: bajaremos al agua, nos cogeremos al cabo que mantiene anclado el bote y nos dejaremos mantener a flote con el cuerpo siempre a la izquierda del cabo: a la derecha, apenas a unos tres metros, empiezan a aparecer tiburones de arrecife de puntas negras, devorando la carnaza que les va dosificando Bruno. Con máscaras de buceo vemos el espectáculo en primer plano…

cronicas viajeras moorea tiburon 1

cronicas viajeras moorea tiburon

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En la superficie del agua, las gaviotas se disputan los pedazos que afloran a superficie.

cronicas viajeras moorea gaviota

Cabe decir que los tiburones, aunque nadan muy cerca de nosotros, no muestran el menor interés por nuestras jugosas piernas y sabrosos brazos, pese a que más de uno de apresura a volver al barco en cuanto empiezan las dentelladas…

Estuvimos un buen rato en el agua, y cuando se acabó la carnaza, nos dirigimos a un segundo “feeding point” esta vez para tocar a grandes pastinacas, similares a las rayas (sting ray) y de la misma familia que los tiburones…

12. jul, 2009

Templos polinesios en Moorea

Templos polinesios en Moorea

Durante la excursión con el 4X4 y tras ver tras las plantaciones, nos llevan a un pequeño valle en el interior donde quedan restos de antiguos templos polinesios, llamados marae. Lo que queda de ellos son formaciones rectangulares en medio del bosque, piedras agrupadas de tienen alturas variables, de unos pocos centímetros a medio metro. Los mejor conservados tienen piedras redondas formando las partes exteriores. El conjunto aparece verdoso, cubierto de musgo. Puedo leer en un cartel informativo que los marae definían la posición social, política y económica de las sociedades polinesias antes de la llegada de los europeos.

cronicas viajeras templos moorea

cronicas viajeras templos moorea

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El guía me cuenta que en los Marae, que sólo podían hacerse con piedras traídas del templo de otra isla, se albergaban los “Tiki“, ídolos en piedra o en madera. De los cerca de 500 que tenía la isla sólo se conservan restos de los 300 que estaban en las montañas. Los de las playas fueron utilizados por los colonizadores europeos como blanco de tiro. Así éramos, a veces ser europeo no es un motivo de orgullo. Resulta paradójico que ahora los complejos hoteleros se empeñen en plantar tikis decorativos en cualquier rincón. Si los antiguos europeos no se hubieran cargado los originales… Tiki de pega en el hotel:

cronicas viajeras tiki pega

En las inmediaciones de los templos, el guía nos enseña dos curiosidades de la flora. Un árbol cuyo enorme tronco retumba ante cualquier golpe, y que se solía usar como un medio de comunicación enla isla, al modo del tam-tam:

cronicas viajeras templos moorea

Y el ábol de las nueces de macadamia:

cronicas viajeras moorea nueces macadamia

Antes de volver al hotel, hacemos la parada más friki de la excursión en la Bahía de Cook. Digo friki por que se suponía que teníamos que detenernos en un mercado, no en la tienda de ultramarinos de una señora china. Como el que tienes seguramente en la esquina, vamos. El resto de los excursionistas (un grupo de franceses) alucinaron tanto como nosotros, claro, y cuando ya nos íbamos de allí con mala cara, apareció un pescador al otro lado de la carretera. En un minuto tenía montado en el arcén un aparador donde colgó varios ejemplares de Mahi-Mahi, un pez apreciado allí, que habíamos probado en el hotel, marinado con limón y leche de coco.

cronicas viajeras peces mahi moorea

12. jul, 2009

Vistas paradisíacas, vainilla y piñas en Moorea

Vistas paradisíacas, vainilla y piñas en Moorea

Iaorana! (osea, hola!)

Lo mejor de la excursión en coche por la isla fue subir a uno de los miradores en las montañas, desde donde se pueden contemplar unas vistas espectaculares. La subida es escarpadísima, no apta para quien tenga miedo a bordo de un coche. El 4×4 cabe justito en la pista que asciende a buen ritmo y tiene que tiene marcadas con cemento las trazas para las ruedas. El resto es barro. Un barro que, después de las lluvias que suelen caer a mediodía, tiene una pinta de ser tremendamente deslizante…

En cada curva de 180 grados el coche asciende un par de metros como mínimo. Las vistas valen la pena, y aunque el riesgo es mínimo dada la pericia y la experiencia del chofer, los “valientes” que no se abrocharon el cinturón de seguridad al empezar la ruta los buscaban como locos en cuanto empezamos a ascender.

cronicas viajeras moorea vistas

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Además de estos miradores, en esta excursión vimos algunas cosas más. Algunas tan descaradamente comerciales como la supuesta fábrica de licores. Prácticamente hacen licor de cualquier fruta tropical que puedas encontrar en la isla, algunos con una fortuna loable y otros con un resultado dudoso. Una solícita rubita sirve chupitos de degustación y ahí acaba la fábrica a no ser que quieras comprar alguna botella…

La visita a la fábrica de mermeladas es más o menos lo mismo, pero al menos ahí me pego al guía y sigo sus explicaciones sobre la planta de vainilla. De la misma familia que las orquídeas, la planta parasita el tronco de otras especies y lo usa para encaramarse. Cada planta produce unas quince flores, pero sólo polinizan artificialmente cinco, para que estas cinco alcancen el tamaño adecuado. La varilla de vainilla se produce en el interior de una vaina que une la flor con el resto de la planta. Entre la polinización y la recogida han de pasar nueve meses (ya es casualidad). Los cultivadores dejan carcasas de coco a los pies de la planta para que con sus fibras retengan el agua de lluvia.

cronicas viajeras moorea vainilla

cronicas viajeras moorea vainilla

Breve pero interesante fue la visita a las plantaciones de piña (familia de las bromelias, como nos contaron en Brasil el año anterior). Para cultivarla, se cortan las hojas del fruto de la piña y se planta el cogollo resultante en la fértil tierra volcánica. En un año, ese brote tiene la altura de poco más de medio metro y empieza a dar su cosecha de piñas.

cronicas viajeras moorea pinyas

cronicas viajeras moorea pinyas

Al lado de los campos de piñas había también plataciones de papaya. Esta es una planta que se me antoja de una muy primitiva estructura: un tallo vertical en cuyo extremo se agolpan las papayas y, coronando el conjunto, un abanico de tallos con una sola hoja en cada uno. Me la imagino en el jurásico, con los helechos. Leo en la wikipedia que es la primera planta con fruto de la que se ha descifrado el genoma, ya os decía yo que muy compleja no es que sea…

cronicas viajeras moorea papaya

También vemos enormes árboles de aguacates, algunos de pomelos y la planta de la fruta de la pasión, que tiene una flor muy original: parece un destello de fuegos artificiales.

Nana! (es decir, hasta luego!)

26. jun, 2009

Moorea: una ratito de playa por favor…

cronicas viajeras moorea hotel 8

Hotelazo en Moorea, sin palabras. El Sofitel de la isla es sencillamente uno de los lugares más bonitos donde me haya podido hospedar. Trato exquisito, amabilidad y cortesía, paisajes de postal, tranquilidad, buena comida en una terracita bien cuidada, a pie de mar, con la vista del arrecife y de Tahití enfrente… Un bungalow de lo más coqueto con una cama comodísima y enorme, a un pasito de la playa…

cronicas viajeras moorea playa

cronicas viajeras moorea hotel

Al principio nos dio pena no estar en un palafito, esos bungalows construidos sobre las aguas turquesas, pero luego comprobamos que disponíamos de más espacio, más tranquilidad y menos ruido si cabe en nuestro bungalow con terracita al jardín y amplios ventanales (digo nuestro por que si se despistan, de allí no nos echan :-)

cronicas viajeras moorea hotel

En la playa, es curioso comprobar como con el agua apenas en la cintura pueden verse claramente (el agua es totalmente transparente) los mismos peces que pueden verse haciendo esnórquel cerca del arrecife. No es sólo que los pececillos no nos teman, es que parecen mostrar curiosidad y juego, si es que este concepto puede aplicarse a los peces.

En pocos minutos, si uno permanece sin chapotear, da la impresión de que tienes los pies en un acuario. Me ha parecido ver peces que he visto también buceando en el Mar Rojo, me pregunto si es posible… Prescindo de transcribir al blog las notas sobre los colores y las formas de los peces que tomé en su día, no creo que nos vayan a servir para identificar especies…

La primera mañana en la isla la dedicamos a disfrutar tranquilamente de tan especial lugar. Por la tarde llegaría la primera excursión…

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26. jun, 2009

Polinesia: de Tahiti a Moorea en tres minutos

Polinesia: de Tahiti a Moorea en tres minutos

22 de septiembre, a media mañana, y estamos en el aeropuerto de Faaa (sí, con tres “a”), en una espera de una hora para un vuelo hasta Moorea, que nos llevará exactamente ocho minutos, sólo tres de ellos en el aire: si alguna vez os veis en la feliz circunstancia de tener que ir de Tahití a Moorea, id en barco: os llevará apenas 35 minutos.

Después de lo de Isla de Pascua y de esta espera absurda nos acordamos bastante de la agencia que nos preparó esta Vuelta al Mundo. Pero nos compensaron estas navidades con un detallazo, y eso que tras la vuelta a casa estas nimiedades se nos habían ya olvidado y ni siquiera les advertimos de estos fallos…

En la furgoneta del hotel al aeropuerto coincidimos con una pareja de recién casados catalanes (sí, ya lo he dicho antes, los catalanes somos una plaga) que volarán a Bora-Bora. Presagio de lo que nos pasaría a lo largo del viaje: nos tomaron por recién casados docenas de veces.

Así pues, este será el vuelo más corto de todo el viaje, y seguramente el más corto de los que haga nunca. A un vuelo corto corresponde una terminal pequeñita: la sala donde estamos no tendrá más de 150 metros cuadrados, ni siquiera paredes (¿para qué paredes aquí?) y los pajarillos van de los mostradores a los avisos de seguridad según les apetece.

cronicas viajeras tahiti

Volaremos en una avioneta bimotor de hélices, un Twin Otter 300, profusamente decorado con flores y colores locales. Las tarjetas de embarque están plastificadas para ser reutilizadas. Nos llama la atención que los equipajes se pesan en una antigua báscula (nos aseguran que a veces los pasajeros también son pesados así) y que los asientos del avión son banquetas abatibles.

cronicas viajeras tahiti avioneta

El corto vuelo sobre las transparentes aguas tiene su gracia, así como poder ver perfectamente casi lo mismo que ve el piloto al aterrizar. No le tengo miedo a los aviones, ni me preocupó ver que el comandante mantenía una mano en el timón y otra en la palanca de potencia. Pero comprobar que el ángulo de las alas respecto a tierra no era paralelo cuando apenas estábamos a tres o cuatro metros del suelo tuvo su gracia…

cronicas viajeras tahiti avioneta

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Hablando de aviones, a los fans de Muchachada Nui les hará gracia esta aerolínea chanante…

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26. jun, 2009

Polinesia: cena y desayuno en Tahití

cronicas viajeras tahiti 2

Volando desde la Isla de Pascua llegamos por la noche del 21 de septiembre a Tahití. El hotel disponía de un restaurante japonés con muy buena pinta donde un verdadero showman del teppanyaki nos hizo olvidar del todo el resquemor por no haber visto la Isla de Pascua. Acrobacias con los ingredientes menos “nobles” de la mesa (ver los huevos volar de su mano a su gorro, del gorro a la paleta, de la paleta al bolsillo, del bolsillo a la mesa…), palas que vuelan y aterrizan con precisión, una buena botella de vino y una cena excelente.

Al día siguiente, desayuno fracés en el precioso restaurante junto a la playa, una estructura de madera y hojas de palma enorme, para tomar un buen café con el sonido de las olas y el trinar de pájaros, viendo el mar turquesa ante nosotros… Y muy cerca, la isla de Moorea, nuestro destino inmediato…

Estábamos pasando del invierno de Buenos Aires y la casi primavera de Santiago de Chile al tan apetecible veranito en la Polinesia

cronicas viajeras tahiti

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Y justo tras el desayuno, hacía Moorea


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