Durante nuestra estancia en Barreirinhas (estado de Maranhao, Brasil), nos alojamos en una bonita pousada llamada Encantes do Nordeste. La posada consiste en una serie de pequeños pero encantados bungalows que van ocupando el camino desde la recepción hasta prácticamente el río Preguiças, donde hay un restaurante especialmente recomendable donde tuvimos muy buenas cenas: el Bambaê. Raciones de buen pescado fresco para alimentar a un regimiento (pedir una para dos, no os la acabaréis) y cocinado con un toque moderno pero basándose en la gastronomía tradicional de Maranhao.
En la Pousada, excelente trato, la hamaca en la puerta para ratitos memorables, pero los amigos mosquitos nos pusieron finos pese al repelente. De hecho, para pasar de los bungalows a la piscina y a la zona donde se servían los bien surtidos desayunos hay que pasar por una pasarela que salva un espacio pantanoso. Por la noche, festival de ranas, algunas de tamaño considerable, y la paz del río…
Como desde el bungalow sólo se veía el bungalow de enfrente, bajé hasta el restaurante para grabar este Asómate Aquí con vistas al río:
Ese día fue de los más movidos y divertidos de nuestro viaje a Brasil: tal y como descendimos de la avioneta que nos mostró los Lençois Maranhenses desde el aire, salimos pitando a las lanchas que nos llevarían a recorrer el cauce del río Preguiças, desde Barreirinhas a Caburé pasando por los poblados de Mandacaru y Vassouras y por los Pequenos Lençois. Hay mucho que contar, así que lo explicaré en varios posts…
El Preguiças es un caudaloso río para los estándares europeos, para que os hagáis una idea, como el Ebro a la altura de Zaragoza, pero imagino que para lo que son los ríos brasileños será pequeño. Cruza por Barreirinhas, a los pies de la última duna que queda en pleno casco urbano, y llega al mar entre sinuosas curvas, rodeado de manglares y selva, besando también las dunas de los Pequenos Lençois. El recorrido termina prácticamente en el mar, en el poblado de Caburé, desde donde un 4×4 nos llevo a Parnaíba y Barra Grande. Avioneta, lancha y jeep el mismo día.
El primer tramo de nuestro recorrido por el Preguiças nos permite ver como la vida de Barreirinhas, tranquila y apacible, tiene mucho que ver con el río, no solo por la pesca, sino también por el ocio…
Hay un interés botánico enorme en esta zona, que dispone de uno de los manglares más grandes del mundo (allí aseguran que es el mayor). Manglares rojos y blancos que se levantan sobre las aguas como impulsados por ese entramado de finos troncos, dando refugio a peces y camarones. Es impresionante ver cómo los manglares lanzan desde las alturas finos troncos hacia el agua, buscando nuevos puntos de apoyo que les permitan ganar superficie. Las semillas, nos cuentan, están específicamente diseñadas para clavarse en el lodo del fondo del río, y germinar desde allí hacia la superficie de las turbias aguas llenas de vida…
El paseo en lancha es también una muy buena oportunidad para observar algunos de los muchos tipos de palmeras que crecen en el nordeste brasileño, cada una con una serie de aplicaciones muy interesantes:
Coqueiro: la palmera que da cocos
Carnaúba: sus hojas, que parecen estallidos de fuegos artificiales, se dejan secar y se reducen a polvo. Ese polvo convenientemente tratado se convierte en cera, para proteger y abrillantas superficies, y también en un material más resistente, parecido al vinilo. Muchos de los discos brasileños se fabricaron a partir de esta resina de carnauva, que mejor que escuchar música tropical que desde un producto de la palmera, ¿no?
Factoría para el tratamiento de la carnaúba en el Preguiças
A las carnaúbas explotadas les dejan unas cuantas hojas para que se regeneren
Balaçar: sus cocos son comestibles y se usan también para la producción de aceites y jabones.
Imperial: un llamativo tronco liso y abulbado, muy elegante, utilizada como decoración en muchas ciudades, produce un fruto de color rojo.
Dendé: produce aceite, muy utilizado en platos tradicionales brasileros y también en la producción de biocombustible.
Tucum: tiene como parásito una larva que endulza sus frutos.
Açaí: de sus frutos se obtiene una bebida con muchísimas propiedades, de aspecto oscuro, denso, pero riquísimo y muy saludable y energético.
Burití: una de las más usadas, con sus hojas se construyen techumbres, se hace artesanía con sus fibras y su fruto es comestible
La pequeña avioneta ruge y tiembla mientras nos lleva a unos cien metros sobre el suelo. Voy delante, sentado al lado del piloto, un tipo genial que se llama Delano (te dejo sus teléfonos al final del post por si te interesa), que intenta explicarme qué es cada cosa por encima del ruido del motor. Frente a mi, en el morro del aparato reluce una especie de halo blanco que forma un círculo en el aire: son las puntas de las aspas de la hélice, que verás en alguna de estas fotos. Disparo la cámara a menudo, consciente de que con el traqueto algunas fotos saldrán movidas. Hace sol, hace calor, y ante nosotros se despliegan los lençois maranhenses, poco a poco, insinuándose, como si se tratara de un espejismo.
En el asiento de atras Patri sostiene la cámara de vídeo y un chico brasileño no deja de vomitar, pobre, desde que despegamos. Delano suele preguntar a sus clientes si quieren el viaje “Con o sin adrenalina”. Ayer, a pie sobre las dunas de los lençois marahenses vimos como su avioneta hacía picados para remontar casi rozando las dunas. Es la versión “con”. Pero en cuanto oye las primeras arcadas del chaval prescinde de darnos opción: nuestro vuelo será sin adrenalina, pero con el mismo buen rollo (mejor para las fotos).
En el anterior post tienes un vídeo del principio del vuelo, desde Barreirinhas hasta la desembocadura del rio Preguiças en el Atlántico. Aquí tienes un vídeo con las vistas aéreas de la sucesión continua de dunas y lagunas que forman los Lençois. Es casi un milagro hecho paisaje:
Sigue rugiendo el motor, sigue Delano explicándome anécdotas y señalándome puntos interesantes, mientras quedo poco a poco hipnotizado por la arena blanca, por las lagunas verdes. Voy reconociendo desde la avioneta algunas de las lagunas en las que me bañé el día anterior. Es emocionante contemplarlas ahora desde aquí arriba, ver como las dunas trazan cruvas sobre las aguas como jugando a dirigirlas entre la arena…
Cuando ponemos rumbo de nuevo a Barreirinhas oigo a Delano decir “¿quieres pilotar?” ¡Cómo no! Cuatro indicaciones básicas y me pasa los mandos: un suave tirón y ascendemos, un leve empuje y bajamos, un giro y a los pocos segundos la avioneta sigue la orden. “Es cómo llevar un barco” digo. “Sí, es como llevar del brazo a una dama” dice.
La anécdota final: antes de despegar comentamos a Delano que necesitábamos un cajero para sacar dinero y pagarle: no le va el lector de tarjetas. Así que al aterrizar nos metemos todos en un viejo coche de un amigo suyo, un tipo con sombrero de vaquero y bigotito, que al arrancar nos dice “¿lo queréis con adrenalina o sin adrenalina?”. Nos lleva al único banco del pueblo, cuyos cajeros están ya vacíos. No hay problema, aquí impera el buen rollito: nos llevan al supermercado donde habitualmente hace la compra el piloto, abonamos en la caja la cantidad que le debemos y se lo apuntan para que lo gaste cuando quiera. Tudo bem, muito obrigado y hasta la próxima
Los teléfonos de Delano: OI (98) 9609-9121 ; TIM (98) 8134-3466 ; Vivo (98) 9181-6162
En el anterior post de mi viaje a Brasil os decía que los Lençois Marahenses son uno de los paisajes más alucinantes que he tenido el privilegio de ver. Es sucesión continua de brillantes dunas de arena blanca y preciosas lagunas de azul turquesa y verde es realmente increíble. Poder nadar en agua dulce entre altas dunas es una sensación maravillosa.
No podíamos perdernos la posibilidad de ver el mismo paisaje desde el aire. Si las vistas desde lo alto de las dunas son espectaculares, volar a baja altura en una avioneta sobre los lençois marahenses fue una experiencia inolvidable. Aquí os dejo algunas fotos de Barreirinhas desde el aire, y un vídeo al final. En el próximo post, fotos y vídeos con tomas aéreas sobre los Lençois…
Esta pequeña maravilla nos dío un rato estupendo
sobrevolando Barreirinhas: casa bajas siguiendo el río y calles sin asfaltar
Faro de Barreirinhas: al día siguiente tuve oportunidad de subir a su balcón
Casas de Barreirinhas en un recodo del rio Preguiças
Mandos de la avioneta y....
...y Víctor (el autor de este blog) pilotando!!! Menuda sensació llevar unos minutos la avioneta
Punto en el que el río Preguiças desemboca en el Atlántico...
Este pequeño poblado será al día siguiente el final de nuestra ruta en lancha...
El primero de los vídeos que subiré a este blog corresponde a las vistas desde poco después de despegar del pequeño aeródromo de la población de Barreirinhas, siguiendo el curso del rio Preguiças (que al día siguiente recorreríamos en lancha) y hasta las dunas de los Lençois marahenses.
El segundo vídeo (que verás en el siguiente post) transcurre enteramente sobrevolando las dunas y lagunas, creo que es increíble ver este paisaje, espero que os guste.
Si estos vídeos te han gustado, recuerda que en el anterior post tienes un vídeo con una puesta de sol sobre las dunas…
De Sao Luis de Maranhao salimos en un 4×4 en sentido este hasta Barreirinhas, lugar en el que estuvimos dos intensos días en los que vimos uno de los paisajes más especiales que haya podido disfrutar: los lençois maranhenses.
A pocos kilómetros del pueblo se haya una formación de dunas de un blanco impoluto y brillante que corren en paralelo a la costa atlántica. Es como trasladar un pedazo del Sáhara a Brasil. De hecho, si pudiéramos encajar África y Sudamérica, los Lençois Maranhenses serían una continuación de las arenas saharianas. Pero lo que hace de este lugar un paisaje único es que entre las blancas dunas hay lagunas de agua dulce, de colores vivos, algunas de un azul profundo, otras de un verde turquesa espectacular. Uno puede darse un baño en estas limpias aguas, nadando tranquilamente en medio de un desierto arenoso.
Los lençois maranhenses tienen tantas lagunas que ni siquiera se han llegado a contar. Pude ver una foto tomada desde un satélite, donde se aprecia esa cadencia mágica de duna, agua, duna, agua, dunas a cada cual más serpenteante, brillante y ondulada, agua transparente, cristalina, de un azul radiante. Mira cómo se ve en Google Earth…
Caminar sobre las dunas es sencillo: son compactas, duras, se supone que por la acumulación de su humedad en el interior. Las subidas son así apenas cansadas, y las bajadas muy divertidas: al descender de una duna al agua uno se hunde hasta la pantorrilla en arena tan blanca y fina que da la sensación de estar caminando sobre un enorme pastel bañado en azucar glass.
Estuvimos una tarde entera paseando entre dunas y lagunas, bañándonos en las que mejor nos parecían. Nuestro hábil guía supo leer enseguida las intenciones del numeroso grupo con el que compartimos el camión 4×4 que nos llevó hasta las dunas, para proponernos un recorrido alternativo: solitos, en esas maravillosas lagunas, viendo las nubes pasar, disfrutando del silencio sin nada mejor que hacer que descansar, disfrutar de este rincón de la naturaleza, maravillarnos con la experiencia y esperar un atardecer precioso en un paisaje: